ZOMBIE ISLAND: David Wellinton

Autor: David Wellington

Año de publicación: 2009

Género: Zombis

Sinopsis: En un tiempo en el que los zombis se han apoderado del mundo, Somalia es la única región que todavía sigue bajo control humano. Pero la líder somalí ha contraído el virus del SIDA y necesita retrovirales para salvar su vida. Tras comprobar que en África todos los almacenes de la ONU han sido saqueados, se enviará un comando a Nueva York con la esperanza de que allí podrán conseguirlos.

Pero Nueva York es un nido de zombis gobernados por una pequeña élite de zombis pensantes, lo cual complicará todavía más las cosas.

La clave de todo (versión en castellano)


La llave no encajaba en la cerradura. Hay muchas maneras extrañas de terminar una jornada, y esta solo era una de ellas. La noche era oscura. Un viento gélido bajaba desde las montañas, helando el rocío. Al irme, había cerrado la puerta con llave, estaba seguro del todo. Con la misma llave que ahora reposaba sobre mi mano, inerte, inútil.

Si estuviera casado, pensaría que mi mujer me había echado de casa. Pero vivo solo. Envuelto en una soledad infinita, ¿habría perdido la razón? ¿Cómo estar seguro? Ningún loco se reconoce como tal.

Las orejas me dolían por el frío. Mi aliento parecía que iba a convertirse en hielo antes de escapar al cielo. De repente, el corazón me batió más fuerte, como los cascos de un caballo golpeando el suelo en plena carrera. Una luz se había encendido dentro de la casa, ¡de mí casa! Una sombra se dibujaba en la pared del dormitorio. Temblaba sobre el lienzo de ladrillo, mientras paseaba impunemente por cada metro cuadrado de la habitación. El frío se había desvanecido. Una ola de fuego navegaba por mi interior, buscando un punto de escape que la liberase.

Finalmente un grito. Una bocanada de ira salió de mi garganta, como una amenaza divina. La puerta de vidrio del balcón se abrió. Yo apreté el puño tan fuerte, que la sangre me brotó cálida y húmeda de la palma de la mano. Una figura masculina me observaba desde lo alto. Lo reconocí. Sonreí. Era el hombre que veía todas las mañanas delante del espejo.

La clau de tot


La clau no encaixava al pany. Hi ha moltes formes estranyes de acabar una jornada, i esta només era una d’elles. La nit era fosca. Un vent gèlid baixava des de les muntanyes, glaçant la rosada. Jo em trobava al bellmig del carrer, superat per les circumstàncies. Al anar-me’n havia tancat la porta amb clau, n’estava del tot segur. Amb la mateixa clau que ara reposava sobre la meua mà, inert, inútil.

Si fos casat, pensaria que la meua dona m’havia fet fora de casa. Però visc sol. Embolicat en una solitud infinita, hauria perdut la raó? Com estar-ne segur? Cap boig es reconéix com a tal.

Les orelles em feien mal pel fred. El meu alè semblava que s'anava a convertir en gel abans d’escapar al cel. De sobte, el cor em bategà més fort, com els cascos d’un cavall colpint a terra en plena cursa. Un llum s’havia encès dins de la casa,  de ma casa! Una ombra es dibuixava a la paret del meu dormitori. Tremolava sobre el llenç de maó, mentre passejava impunement per cada metre quadrat de l’habitació. El fred s’havia esvaït. Una ona de foc navegava pel meu interior, buscant un punt d’escapament que l'alliberés.

A la fi un crit. Una alenada d’ira va sortir de la meua gola, com una amenaça divina. La porta de vidre del balcó s’obrí. Jo apretí el puny tan fort, que la sang em brollà càlida i humida del palmell de la mà. Una figura masculina m’observava des de dalt. El vaig reconéixer. Vaig somriure. Era l'home que veia tots els matins davant l’espill.

EL DRAGÓN ROJO: Thomas Harris

Autor: Thomas Harris

Año de publicación: 1981

Género: Thriller, misterio

Sinopsis: Dos familias aparecen asesinadas en sus casas durante la luna llena de dos ciclos lunares consecutivos. El FBI, que no consigue avanzar en su investigación, le quedan menos de veintiocho días para detener a El Dragón Rojo, antes de que este cometa su siguiente asesinato. Esta situación desesperada les obligará a recurrir a William Graham, un policía retirado especializado en análisis del comportamiento. Graham para detener a El Dragón Rojo utilizará todos los medios disponibles, incluso solicitar la ayuda del doctor Hannibal Lecter, a quien él mismo encarceló.

DOLORES CLAIBORNE: Stephen King

Autor: Stephen King

Año de publicación: 1992

Género: Drama, thriller, costumbrista

Sinopsis: En la pequeña isla de Little Tall (Maine) Vera Donovan, una mujer rica y anciana muere al caer por unas escaleras. Su criada de toda la vida (Dolores Claiborne) era su única acompañante en aquel momento.
La policía inicia una investigación para aclarar los hechos. Dolores es sospechosa y deciden interrogarla.
Durante el interrogatorio la protagonista revelará todos los detalles escabrosos de su vida y de algunos habitantes de la isla.

Soneto macabro

Alma errante de hogar perdido,
se esconde de espinas y clavos,
olvidados en sus ojos dormidos,
viajan ya los ecos del pasado.


Flotará por siempre en esta ciudad
un aroma a madera podrida,
a viejos cuentos y a la soledad,
que dictan mis palabras vacías.


Continúa  buscando una salida
y empujando portones que giran,
se extravía en la oscuridad.


Más tarde, ya a plena luz del día,
se acurruca y se imagina,
que ha encontrado la felicidad.

Salvación

Este es el primero de cuatro relatos que publicaré próximamente en un libro titulado Cuatro fases lunares. Espero que os guste.

SALVACIÓN
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Equinoccio


   Era ya media noche y las mujeres bailaban en torno a la hoguera. Los vestidos se agitaban con el vaivén de sus cuerpos, semejantes a las alas de un cuervo. Imponiéndose al crepitar de las llamas, una música llenaba el aire con sonidos monótonos y estridentes, producidos por extraños instrumentos de viento. Las mujeres reían y cantaban de forma grotesca al son de aquella música, compuesta cuando todavía no existía el tiempo. De mano en mano, circulaban vasijas que contenían una misteriosa poción preparada en una gran marmita. «Hay para todas», gritó una de las mujeres, luego siguió cantado y danzando. Sus ojos apuntaron al cielo. Miraron de una forma extraña, como si fueran capaces de ver más allá de las estrellas. 

   ─Apártense, la falla está a punto de derrumbarse ─dijo uno de los bomberos.

CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO: Haruki Murakami

Autor: Haruki Murakami

Año de publicación: 1994

Género: Realismo mágico.

Sinopsis: Tooru Okada es un joven que ha dejado su trabajo en un bufete de abogados. Su gato ha desaparecido hace unos pocos días y una mañana recibe la extraña llamada de una desconocida. Ese será el punto de ruptura, a partir del cual, la realidad irá desfigurándose a su alrededor. Su reducido mundo se verá asaltado por personajes singulares y los sueños se mezclaran con el mundo real. Inmerso en este insólito mundo, Tooru Okada deberá resolver conflictos que ha arrastrado a lo largo de toda su vida.

LA ZONA MUERTA: Stephen King


Autor: Stephen King

Año de publicación: 1979

Género: Drama, suspense

Sinopsis: Tras pasar una tarde agradable en la feria con su novia, John Smith sufrirá un accidente que le dejará en coma durante más de cuatro años.
Cuando despierte, descubrirá que todo su mundo ha cambiado, pero el destino todavía le deparará otra sorpresa. Cuando entra en contacto con alguien se le desvela el pasado y el futuro de esa persona, lo cual le llevará a recorrer un tortuoso camino.

Recopilación de relatos

Esta es una revisión de la primera recopilación de relatos que presenté con el título de 20 Relatos Antilógicos. A parte de cambiar el título al libro, he añadido cuatro relatos nuevos, los dos últimos son inéditos. No dudéis en dejar vuestra opinión. ¡También si es negativa!


24 OBRAS DE TERROR
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Gúlnarok


Os presento este relato, que es una colaboración con Federico Rivolta. Mi aportación al relato, ideado por Federico, ha sido el título y el capítulo IV. Os dejo que disfrutéis de las oscuras letras de este maestro del terror.


Un disparo en el bosque


Este relato es un adelanto de mi primera novela titulada Zipote.

    Una silueta se dibujó en el horizonte de un frío atardecer de noviembre. Un hombre, cuyo rostro se ocultaba bajo una capucha de aspecto andrajoso, oteaba la llanura sobre la que se extendía la vasta ciudad de Loia. 
Su gesto torcido no auguraba ni honores ni prebendas a los habitantes de aquella urbe. Ni siquiera su barba lacia y rojiza podía ocultar su desagrado al descubrir las primeras evidencias de los esclavos del sombrero de paja. Se miró las manos, aquellas que habían librado tantas batallas, e identificó cada una de las laceraciones que contribuían a dibujar aquel mapa de carne. Todas ellas resultado de algún enfrentamiento con aquellas bestias inmundas.
Había atravesado continentes persiguiendo a las criaturas, dándoles caza, exterminándolas una a una, como un hombre que intenta demoler una montaña con tan solo la ayuda de un pico y una pala. Tocó con su mano enguantada la cicatriz que atravesaba su ojo izquierdo verticalmente, recorriéndola desde la frente hasta la mejilla.
En el valle, la ciudad de Loia permanecía ajena a la presencia del Cazador. Como un rebaño de ovejas, sus habitantes pacían por las calles sin imaginar que les acechaba una manada de lobos.

Ocho horas


    Fui obligado a regresar al trabajo. Caminé a través de un pasillo largo y estrecho, de paredes grises y sucias. Un par de tuberías metálicas, pintadas de rojo, trascurrían pegadas a la pared como si indicasen el camino a seguir a los trabajadores.

   De pronto me fui consciente de que estaba rodeado de gente mal encarada, que tenía a su alcance  sierras, cuchillos, mazas y clavos.

   Alguien toco mi hombro y me sobresalté. Lo hice sin querer, pero mi encargado terminó con un clavo en la garganta. Un chorro de sangre regó mi rostro como si fuera césped sediento. Era cálida y sentí cierto placer depravado cuando se deslizaba hacia mi cuello, como un torrente de agua y barro.

Leyenda de un deceso

    
    Era casi media noche cuando apareció la figura de un hombre arrodillado junto a una tumba reciente. De la bruma que rodeaba el cementerio escapaban los sollozos marchitos de la soledad. Fidel era consciente de su desesperada situación. Ahora que se había hecho pública su condición sexual nadie le contrataría, su carrera como arquitecto había terminado, y lo que era todavía peor, no estaba capacitado para ejercer ninguna otra profesión.   
    Sus ahorros se evaporaron en pocas semanas como el agua de un charco, y se vio abocado a la mendicidad para poder sobrevivir. Fueron meses de frío en los huesos y rugidos en el vientre, hasta que un día su suerte cambio.

Junto al muelle


    La vida puede ser tan monótona unas veces, y otras cambiar tan rápido, que nos pilla a contra pie. Esta tarde estoy aquí, junto al muelle, esperándola. Esperando volver a ver esa sonrisa dulce que le dibuja dos hoyuelos en esa cara plagada de pecas.

   Esta mañana Pedro, un compañero de clase, un abusón de manual, me tenía agarrado por las solapas de mi cazadora. No le gustaba como la había mirado. Pero Pedro no es ni siquiera su novio, aunque eso para un matón tampoco importa demasiado. Ella cruzó el pasillo y nos miró. Pedro me soltó. Vi como enrojecía por la vergüenza, hasta un engreído como él sabía que ya no tendría ninguna oportunidad con ella.

Alma

 
    Ayer cuando la vi, creí descubrir en sus ojos un grito de socorro. Fue algo tan nimio e inconsistente que culpé de ello a mi siempre inquieta imaginación. Más tarde el extraño brillo de aquellos ojos volvió a visitarme, esta vez en la placidez de mi hogar. No quiero decir que me visitase ella, fueron tan solo sus ojos. Sentí su mirada clavada en mi nuca, como un puñal amenazante, y sin embargo, no irradiaban odio ni maldad. No salía de mi asombro ¿Cómo podía ver sus ojos si estaban detrás de mí?

El bosque

    
 

    Hugo corría campo a través huyendo de la pandilla de Toni. Las ramas bajas de los árboles le azotaban el cuerpo y la cara cada pocos metros.  Desorientado y falto de aliento se detuvo en medio del bosque para recobrar fuerzas. Se dio cuenta de que ya no escuchaba más que el latido de su corazón, era como el retumbar de un tambor en una cueva. Afinó el oído intentando aislarse de aquel sonido ensordecedor. Distinguió el canto de algún pájaro que no supo identificar, tal vez alguna liebre escarbando una madriguera, pero nada que se le pareciese a un grupo de preadolescentes en plena cacería.

Abnegación


Entré en aquel bar atraído por su tenue luz. Aquella noche había salido buscando algo de aventura. Deseaba encontrar una de aquellas mujeres que tantas veces había descrito en mis novelas. Los buenos tiempos del cine negro terminaron muchos años atrás, pero yo les había echado el ancla para que no se alejaran. Cada día martilleaba el papel intentando recogerla, pero cada día sentía como la soga se escurría entre mis dedos ensangrentados.

Espere su turno


    Cientos de personas se apiñaban en la sala de prensa del Ministerio de Igualdad.  Había hombres nerviosos, decididos, recelosos. Juntos conformaban una amplia paleta de sentimientos y estados de ánimo. Lo único que no había aquella mañana de enero en la sede del ministerio eran mujeres.
    No tardaron en aparecer cuatro personas vestidas con uniforme. Dos hombres y dos mujeres, de acuerdo con las estrictas normas ministeriales. Tomaron asiento y esperaron pacientemente a que el silencio se adueñara de la sala.
    ─Buenos días a todos y todas las presentes ─ comenzó diciendo la mujer que estaba sentada más a la derecha.
    ─En cumplimiento de la ley vigente haremos público ─ añadió el hombre sentado a su izquierda.
    ─El censo poblacional del estado a fecha de ─ prosiguió la mujer que se sentaba en la silla vecina.
    ─Treinta y uno de diciembre es el siguiente ─ concluyó el hombre que ocupaba el extremo derecho.

Cementerio de animales

 
La campanilla tintineó al abrirse la puerta de la tienda. Las pajareras se agitaron lanzando una nube de plumas y graznidos. En el umbral apareció un niño de unos nueve años. Era bajo para su edad, vestía pantalón corto, y tenía las rodillas manchadas de barro.
    ─¿Qué te trae hoy por aquí?
   ─Hola señor Tibli, quería comida para Obispo. He estado buscando algún bicho que darle en el parque, pero no he encontrado nada ─ dijo encogiéndose de hombros.
    ─Estupendo, tengo unos grillos por aquí detrás que seguro que le gustarán. Me los trajeron ayer por la tarde, así que todavía son casi salvajes.
    Tomi ya no le escuchaba, se había acuclillado frente a una vitrina que formaba parte del mostrador. Alumbrados por una luz verduzca había tres insectos que no había visto jamás. Eran extraños de forma sutil. Tal vez por su color, algo más brillante de lo habitual en un insecto, o por la forma de su cuerpo, más alargada que la de los escarabajos comunes.

El viejo y el niño


    El viejo empujó al niño contra el abismo, estaba furioso. Sus cejas cimbreaban como un bosque de abetos azotados por el invierno. Sus fosas nasales se abrían y se cerraban, y se volvían abrir. Parecían dudar entre dar aire a aquel cascarrabias o ahogarlo en su propia ira. Blandía un palo recio y nudoso, tal vez lo guardaba desde sus tiempos de pastor, pensó el niño. El niño con sus manitas apretadas no podía hacer otra cosa que temblar. Su garganta era un pozo seco tras una larga sequía. En su inocencia pensaba que sus lágrimas la habían secado. Que ya no quedaba más agua en su cuerpo con la que regar su voz, y que no podría volver a hablar hasta que bebiese un buen trago.

La piedra azul

  
  Una maraña de pensamientos, eso era mi vida. Un ir y venir de ideas disolutas que no me llevaban a ningún sitio. Me encerraba en casa y y cuando era de día no me quedaban fuerzas ni para subir las persianas. Tampoco hacía el esfuerzo de encender la luz, así que me quedaba quieto en la oscuridad. Muchas veces perdía la noción del tiempo. Comía a deshora, y si no había nada en la nevera ayunaba hasta que alguno de mis hijos me traían algo. Aireaban la casa, me daban de comer y me contaban alguna anécdota de su trabajo. Pura cháchara. Luego se iban por donde habían venido y yo me volvía a quedar solo, esta vez a plena luz del día.

El ojo de Satán


Ya eran más de media noche cuando Kyle y John tomaron asiento en los sillones de la biblioteca. La noche había enmudecido, y el alboroto de las horas precedentes no era más que un dulce recuerdo en las temerosas almas de los dos hombres. No había ya rastro alguno de sus ruidosos habitantes. Tan solo oscuridad, y el suave  tintineo de los cristales tallados de la lámpara de la biblioteca al chocar entre sí.
    John reposó la escopeta sobre su regazo y adoptó una posición erguida, similar a la de un perro de presa. Parecía dispuesto para saltar sobre una posible víctima en cualquier momento. Kyle se mostraba nervioso. Se retorcía en su asiento modelando su cuerpo de tal forma que casi sobrepasaba los límites de su propia fisionomía.
     – No te pongas demasiado cómodo muchacho. No quiero que te me duermas en mitad de la guardia – dijo John divertido.

Hotel 5 estrellas

El señor Guzmán tenía una barba frondosa y desaliñada, de esas que causan respeto entre los muchachos y temor entre los adultos. Se quitó las gafas y las limpió con el pañuelo de tela que guardaba en un bolsillo de la chaqueta. Al colocárselas de nuevo vio que Dani, el botones, le saludaba con un leve gesto de cabeza. El resto de empleados del hotel fingían no verle. Cuando se cruzaban con él simulaban con torpeza estar muy atareados, o sencillamente miraban hacia otro lado. Pero si no muerdo a nadie, se decía el señor Guzmán al ver pasar a los huraños empleados.
Eran ya las diez de la noche cuando Dani se acercó al sillón de la recepción donde se sentaba a diario el viejo barbudo.
–Vamos a cerrar las puertas señor Guzmán – dijo el botones dibujando con sus labios una sonrisa marchita.
–Gracias Dani. ¿Nos vemos mañana?
–Desde luego señor, creo que podré traerle unas magdalenas para desayunar – dijo satisfecho.
El señor Guzmán le correspondió saludando con su viejo sombrero, se levantó, y salió del hotel resignado. En la calle le esperaba otra noche invernal cubierta de estrellas.