Huellas en la nieve

Pensaba en el café caliente que había tomado aquella mañana. En el agradable tacto de la taza en las yemas de los dedos. Pensaba en el bullicio del comedor durante el desayuno. La felicidad estaba tan próxima, y a un mismo tiempo tan lejana.

Era de noche, y tumbado boca arriba contemplaba las estrellas. Hacía más de una hora que se había derrumbado. El frío y el cansancio habían ganado la partida, se decía resignado. Intentaba engañarse a sí mismo. ¿Qué otra cosa podía hacer? Solo deseaba que la muerte le encontrase antes que aquel horrible monstruo.

Todos habían muerto. Lionel sería el último hombre en morir. Solo estaba en su mano elegir el modo de hacerlo. Descubrió sus manos, y comenzó a desabrochar los botones del abrigo. Una silueta ya se divisaba en lo alto de la loma. Todavía estaba lejos.

Ya no sentía su cuerpo.


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