Tempus ex machina

- Buenas tardes Alonso. No lo vas a creer, pero acabo de viajar en el tiempo.

- ¿Qué tonterías dices? Eso es imposible.

- ¡Claro que sí! Yo soy la prueba. Te lo demostraré.... El partido de esta noche, puedo darte el resultado.

- Eso no demuestra nada. Podrías ser vidente.


- ¿Estás hablando en serio? - Alonso lo miraba divertido - Está bien... ¿Cómo explicarías que haya otra versión de mi mismo en mi casa? Mi yo del presente. Puedes telefonear para comprobarlo.

- Bilocación - respondió escuetamente.

- ¿Bilocación? ¿Quién cree en eso?

- Yo mismo. Venga Miguel, seguro que si te das prisa, llegas a tiempo para montarte un trío con tu mujer - rió  con tanta fuerza que las venas del cuello parecían que iban a estallarle.

- ¡Está bien! - gritó  Miguel furioso - Acompáñame, y te enseñaré la máquina.

Los dos hombres salieron a la calle. Tras andar un par de calles, se detuvieron ante un pequeño almacén abandonado. Miguel metió la mano en un bolsillo de su pantalón, rebuscó una llave, y abrió la puerta.

- Ahí la tienes - dijo extendiendo el brazo.

- Oh, interesante, verdaderamente interesante - dejó escapar Alonso, mientras daba vueltas entorno a la máquina.

- Qué, ¿me crees ahora? - dijo Miguel triunfal.

- ¿Y cómo funciona? Esto podría ser perfectamente una cafetera industrial.

- Solo tienes que escribir la fecha deseada en esta pantalla,  y pulsar el botón verde.

- Aja. ¿Y de qué fecha del futuro vienes?

- Cinco días en el futuro. Se te acabaron las ganas de hacer chistes, ¿verdad?

- Estás en lo cierto - entonces seleccionó una fecha y pulsó el botón verde. La máquina del tiempo desapareció dejando atónito a Miguel. 

- ¡Qué demonios! ¿Por qué tienes mi máquina del tiempo? - preguntó Miguel.

- Me enviaste desde el futuro, tengo que transmitirte un mensaje muy importante.

- ¡Así que funcionará! Pero dime, ¿cuál es el mensaje? 

- Que eres un idiota - agarró un tarugo de madera, y golpeó la cabeza de Miguel  hasta matarlo -. Bien, un idiota menos.

Alonso cambió de lugar la máquina. Nadie podría volver a construirla, y nadie conocía su emplazamiento. Su vida se transformó, y pronto se convirtió en uno de los hombres más ricos del país. 

Durante uno de sus viajes al futuro, se encontró en la calle con un viejo mendigo. Lo miró con cierto desprecio y siguió caminando.

- No se vaya, deme una limosna señor - dijo el viejo mientras le agarraba del brazo.

- Suéltame - respondió tajante.

- Pobre desgraciado, te crees alguien importante, y no eres más que un asesino.

Alonso dio media vuelta y miró al viejo a los ojos. Su semblante se transformó tan rápidamente, como había negado la limosna al viejo. 

- No puede ser, ¿Miguel? 

- En efecto. 

- Pero... pero, ¿cómo es posible? ¿Se trata de alguna anomalía en el espacio tiempo?

- ¡Que va! Soy un fantasma - rió mostrando su boca desdentada -. Deberías haber visto tu cara. Ha sido tremendo, solo por eso, ha valido la pena esperar. 

"El día que robaste la máquina, viajaste al pasado para matarme, pero mataste a mi yo del pasado, al que estaba en mi casa el día que te visité. Leí la noticia de mi propia muerte en el periódico. No pude regresar a mi casa nunca más. He vivido mendigando, deseando que el destino cruzara nuestros caminos algún día."

- Y ¿cómo es que tu sigues vivo? Yo te maté.

- Mi línea temporal había sobrepasado el momento de mi muerte. Imagina una lagartija, yo soy la cabeza, al matar a mi yo pasado, solo le cortaste la cola. 

- Eso puedo solucionarlo ahora mismo. Eres solo un viejo.

- Un viejo con pistola - apuntilló Miguel.

Una multitud se arremolinaba en torno un cuerpo sin vida, que estirado en la acera, iba tiñendo la acera de color carmesí.



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