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Secuencia final

Sintió palidecer su alma aquella mañana de otoño. Se sentó frente al televisor, como cada día antes de ir al trabajo. En todos los canales aparecía la misma noticia. Reporteros en la calle narraban el sentir de la gente, mediante entrevistas fugaces a los transeuntes. 

Arrojó la botella de cerveza, que se estaba desayunando, contra el cristal del televisor con todas sus fuerzas. 

-Hoy iré a por otro, siempre he querido tener uno de cuarenta pulgadas - dijo en voz alta.

Cogió su chaqueta, se caló el gorro de lana y enfiló calle abajo hasta la tienda de electrónica. Empujó la puerta de la tienda. La escasa clientela lo observó, apartando rápidamente la mirada. Nadie quería saber de él. No importaba, pronto terminaría todo, solo quería disfrutar de su televisor antes de morir. 

Se detuvo delante de la colección que estaban encendidos. Los especiales seguían apareciendo en todos los canales. Tiró del cable de de uno de ellos y se lo llevó bajo el brazo. El dueño de la tienda no intentó detenerlo. Solamente contempló la escena.

Regresó a casa y conectó la pantalla. Hoy no iría a trabajar, quizá no fuera la última cosa que dejase de hacer. No desperdiciaría ni un solo momento más. 

Eligió una de sus películas favoritas y volvió a sentarse con una botella de cerveza en la mano. 

Un fuerte golpe en la puerta interrumpió su sueño en el viejo sillón. La película se había terminado, al igual la botella de cerveza. 

-No se mueva, señor - dijo uno de los cinco hombres que asaltaban la casa.

-¡Las he encontrado! ¡Están todas muertas! - gritó otra voz desde el sótano. 

Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, de donde sacó una 9 milímetros. Había olvidado cargarla, pero no importó. El fin de sus días había llegado. Los policías lo abatieron antes de que pudiera suicidarse.



Concurso "La última noche del mundo" - El Círculo de Escritores
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