Reflejos del ayer

Me senté, como cada día, en el borde de la acera. Tenía que esperar a aquel hombre de anchas espaldas y gorra calada hasta las orejas. Lo llevaba observando ya varias semanas y no conseguía apartar la mirada de él cuando pasaba. No sabría decir si era por sus andares, por sus prisas o por su gorra desgastada. Ante su presencia, yo me convertía en una polilla que intentaba penetrar al interior de la lámpara.

Solo había dos cosas inmutables. Una era su gorra de lana, de colores oscuros, punto grueso y envejecida por el uso. La otra, su prisa eterna. Diríase, que su vida era una carrera de galgos. Y que perseguía una liebre sin llegar nunca a alcanzarla. Yo, quedaba absorto ante aquel usual espectáculo. Incluso conmovido. Pero no osaba a acercarme. Cuando por fin despabilaba, ya era tarde. Se encontraba al otro lado de la calle. La multitud lo custodiaba. Todavía conseguía distinguir por unos instantes su gorra. Que ahora, vista desde lejos, era como un faro para mis ojos en ese mar de cabezas descubiertas.

Whendel

Un día, sin más, apareció en mi habitación. Era bajito, de tez rojiza y nariz aguileña. Vestía alegres colores, pantalones verdes, un chaleco rojo y una camisa amarilla de lino muy ancha para su talla. Decidí llamarle Whendel.

Al principio, no pude verlo. Solo oía sus pasos y sus risas, el suelo crujía con sus pequeños saltos. Yo intentaba adivinar de donde provenían. Recorría con la mirada la habitación, pero él, esquivo, la evitaba.

Preso

Todo en Él me resultaba repugnante. Su grotesco cuerpo, sus gruñidos y su cara recubierta de pelo. Me mantenía encerrado desde hacía una semana en esta celda inmunda y sin ventanas. Apenas si podía ver a dos pasos de distancia, la comida era insufrible y estaba perdiendo peso muy rápidamente. No sabía por cuánto tiempo podría soportarlo.

Necrogénesis

Ha pasado mucho tiempo ya, desde que comencé a trabajar en este proyecto. Ya desde niño, estuve muy interesado en conocer la historia de la humanidad. Visitar el Egipto de los faraones, contemplar la grandeza de Roma o presenciar la batalla de Austerlitz eran algunos de mis sueños. También quería saber que depararía el futuro de la humanidad. Quizá visitar un tiempo en el que el hombre viajara a otros planetas, o hubiese encontrado cura para cualquier enfermedad.